
Por Manolo Guevara Díaz
PARAÍSO, Barahona.— La discusión sobre el desarrollo de Paraíso, La Ciénaga, Enriquillo, Polo y las comunidades de esta zona no puede desvincularse de un tema fundamental: el agua.
Nuestra región posee una extraordinaria riqueza natural, pero también enfrenta el desafío de proteger las cuencas hidrográficas que garantizan ese recurso. De ahí la necesidad de que el Gobierno dominicano asuma una política permanente de protección, manejo y aprovechamiento sostenible de nuestras fuentes hídricas.
En ese contexto, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INDRHI) debe tener una presencia activa y permanente en este proceso.
El anuncio de que ya se encuentran en marcha los estudios y diseños para la construcción de dos presas en cascada sobre el río Nizaíto abre una oportunidad histórica para la región. De acuerdo con las informaciones oficiales, el proyecto está concebido para fortalecer la seguridad hídrica, apoyar la producción agrícola, garantizar agua para consumo humano y contribuir al desarrollo turístico y energético de Barahona y Pedernales.
El alcance de Nizaíto trasciende a Paraíso. El sistema hídrico ya tiene una relación directa con comunidades agrícolas y poblaciones de Barahona y Pedernales, y las intervenciones del INDRHI en el canal Nizaíto han buscado fortalecer el suministro hacia zonas como Juancho, La Colonia, El Cajuil y Oviedo.
Por eso, cuando hablamos de proteger la cuenca alta y media del río Nizaíto, no estamos hablando solamente de árboles. Estamos hablando de agua para la gente, agua para la agricultura, agua para el turismo, agua para la producción y agua para el futuro.
El desarrollo comienza en la montaña
No podemos pretender construir grandes obras hidráulicas mientras permitimos que las zonas productoras de agua sean degradadas.
La construcción de una presa debe estar acompañada de una política integral de protección de toda su cuenca hidrográfica. Esto significa establecer una zonificación clara, identificar las áreas de protección, ordenar las zonas productivas y garantizar que las actividades agrícolas se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad.
Aquí el Ministerio de Medio Ambiente tiene una responsabilidad fundamental.
La nueva incumbente provincial, Olquidia González, ha mostrado disposición y cualidades para el trabajo. Pero ningún funcionario puede enfrentar solo un desafío de esta magnitud.
Se necesita una estructura técnica permanente, con profesionales que conozcan el territorio y, especialmente, con guardaparques y agentes forestales vinculados a las propias comunidades.
El guardaparque no debe aparecer únicamente cuando ya se ha producido el daño.
Debe conocer al productor, visitar las parcelas, orientar, prevenir y acompañar. Debe ayudar a tomar decisiones antes de que se produzca una violación ambiental.
Es mucho más efectivo prevenir que llegar cuando el árbol ya fue cortado, el bosque ya fue quemado o la fuente de agua ya fue afectada.
Productor y Estado deben ser aliados
La protección ambiental no puede plantearse únicamente desde la perspectiva de prohibir.
También hay que ofrecer alternativas.
El productor que vive de la tierra necesita saber qué puede sembrar, dónde puede hacerlo, qué prácticas debe utilizar y cuáles áreas deben permanecer bajo protección.
El Estado, por su parte, debe acompañarlo con asistencia técnica, capacitación, incentivos y alternativas productivas sostenibles.
Esto permitiría convertir al productor en aliado de la conservación, y no verlo solamente como un potencial infractor.
Una mesa regional por el agua
La magnitud de los proyectos que se plantean para el río Nizaíto hace necesario crear una coordinación permanente entre las instituciones y organizaciones que tienen responsabilidad sobre el territorio.
En esa mesa deben estar el INDRHI, Ministerio de Medio Ambiente, INAPA, las alcaldías, las cooperativas agropecuarias, las organizaciones de productores, Migración, Ejército, autoridades provinciales y comunitarias, además de otros actores vinculados al desarrollo de la región.
La protección de la cuenca no puede ser responsabilidad de una sola institución.
Tampoco puede limitarse a una administración determinada.
Debe convertirse en una política regional de Estado.
Nizaíto: una oportunidad que debemos cuidar
Las presas proyectadas sobre el río Nizaíto representan una obra de gran importancia para el futuro de esta zona. Pero su verdadera sostenibilidad dependerá también de lo que hagamos en las montañas que alimentan ese río.
El INDRHI debe continuar presente no solamente en el diseño y eventual construcción de las presas, sino también en la planificación integral del recurso hídrico.
Porque una presa puede almacenar agua, pero es la cuenca la que produce y sostiene el agua.
Y si queremos que Nizaíto pueda llevar sus beneficios más allá de Paraíso, alcanzando las zonas agrícolas y poblaciones de Enriquillo, Juancho y Oviedo, debemos comenzar desde ahora a proteger cada nacimiento, cada arroyo, cada área boscosa y cada zona de recarga hídrica.
El verdadero desafío no es solamente construir la presa.
El verdadero desafío es garantizar que mañana exista suficiente agua para llenar el embalse.
Por eso, la protección de nuestras cuencas hidrográficas debe caminar al mismo ritmo que los grandes proyectos de infraestructura.
Nizaíto puede ser una obra para las próximas generaciones. Pero para que así sea, debemos comenzar desde ahora a proteger la montaña que produce el agua.
Manolo Guevara Díaz