Opinión Soberana: Hay palabras que tienen el poder de abrazar el alma, y una de ellas es «hermano».

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Dios, en su infinita sabiduría, nos concede el privilegio de nacer en una familia, pero también nos permite descubrir que el amor verdadero es capaz de extender esos lazos más allá de la sangre. Un hermano no siempre es quien crece bajo el mismo techo; muchas veces es quien comparte nuestros sueños, nuestras luchas, nuestras alegrías y hasta nuestras lágrimas.

Hoy doy gracias al Creador por el inmenso regalo de tener hermanos. Amo profundamente a cada uno de ellos, sin diferencias ni distancias. También llevo con inmenso orgullo y cariño a mis hermanos por parte de mi padre, Reynerio Guevara Santana. El amor no entiende de apellidos, de hogares distintos ni de kilómetros; el amor simplemente une.

Aunque algunos de mis hermanos vivan bajo otros cielos y la vida nos haya llevado por caminos diferentes, nunca dejan de habitar en mi corazón. La distancia puede separar las manos, pero jamás separará el cariño, los recuerdos y las oraciones que elevamos unos por otros.

Este sentimiento nació en gran parte gracias a la mujer que me enseñó el verdadero significado de la familia: mi inolvidable madre, Leonida Díaz Sánchez. Ella sembró en nosotros valores de amor, respeto, humildad y unidad. Su ejemplo sigue siendo la luz que guía nuestros pasos y el legado más hermoso que conservamos.

Hoy, al inicio del mes de agosto, en el mes que naciera mi madre, en su memoria, abrazo con el corazón a cada uno de mis hermanos hijos de mis padres y también a esos hermanos que la vida me ha regalado en el camino, especialmente a quienes han compartido conmigo desde mi niñez hasta éste momento.

Porque quien tiene un hermano, tiene un tesoro. Y quien sabe amar a sus hermanos sin hacer diferencias, lleva en su corazón la más hermosa enseñanza de Dios.

Que el Señor bendiga a todas las familias, fortalezca la unión entre los hermanos y permita que el amor siempre sea más fuerte que la distancia. Ese será el homenaje más hermoso para quienes nos enseñaron a amar, como mi querida madre, Leonida Díaz Sánchez, cuyo recuerdo vivirá eternamente en mi corazón.

Bendiciones del creador.

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