Una advertencia que no puede seguir siendo ignorada.

Barahona.— Barahona está frente a una realidad que no admite indiferencia: nuestros bosques, montañas, ríos y cuencas hidrográficas están bajo una presión cada vez mayor, mientras la población reclama una respuesta ambiental mucho más firme y efectiva.
La pregunta ya no es solamente qué está ocurriendo, sino hasta cuándo vamos a permitir que ocurra.
Sectores como Cachote, Cuacho, La Isleta , Majagualito y El Toro, donde existen importantes áreas de bosque seminublado, enfrentan procesos de intervención y degradación que preocupan a las comunidades. Zonas que durante generaciones fueron protegidas por su importancia ambiental están siendo transformadas para actividades agrícolas que podrían poner en riesgo su función natural como áreas productoras de agua.
Cuando destruimos el bosque, comprometemos el agua
Las montañas de Barahona no son un paisaje decorativo. Son parte fundamental del sistema natural que permite la captación, almacenamiento y circulación del agua.
Cada árbol derribado en las zonas altas significa una menor capacidad del suelo para retener agua. Cuando llegan las lluvias intensas, aumenta la escorrentía, la erosión y el arrastre de sedimentos hacia las zonas bajas.
Y entonces aparecen las consecuencias: ríos deteriorados, suelos erosionados, fuentes de agua amenazadas y balnearios que poco a poco pueden perder las condiciones que los convierten en atractivos naturales de la provincia.
La vigilancia ambiental debe ser permanente.
No se trata de perseguir al productor agrícola ni de impedir el desarrollo económico. Se trata de establecer límites claros y hacer cumplir la legislación ambiental.
¿Y las cuencas hidrográficas?
La mayor preocupación debe estar en nuestras cuencas hidrográficas, respetando las zonas protegidas. La República Dominicana cuenta con más de 120 áreas protegidas integradas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), que incluyen más de 30 parques nacionales, reservas científicas y monumentos naturales.
Dentro de la sierra del Bahoruco, se encuentra el monumento natural Padre Miguel Domigo Fuerte, más sin embargo, los desampresivos al no recibir el castigo o tener régimen de consecuencias, no respetan ni área de amortiguamiento y peor aún el núcleo ambiental.
No podemos concentrar la vigilancia únicamente en lugares donde ocasionalmente se realizan actividades de pesca o aprovechamiento de los recursos. La protección ambiental debe comenzar en las montañas, nacientes, ríos y áreas boscosas donde se produce el agua.
La población de la costa en Barahona reclama una presencia institucional más activa, permanente y eficiente.
Por eso, se hace necesario que el presidente Luis Abinader valore profundamente esta situación y disponga las acciones que sean necesarias para fortalecer la institucionalidad ambiental en la provincia.
También debe abrirse el debate sobre una mayor participación de las alcaldías y las comunidades en la vigilancia y protección de los recursos naturales, siempre dentro del marco de la legislación dominicana y bajo la coordinación de las autoridades ambientales correspondientes.
Todavía estamos a tiempo
No esperemos a que desaparezca el último árbol para recordar que necesitábamos el bosque.
No esperemos a que una comunidad se quede sin agua para reconocer el valor de una montaña.
No esperemos a que nuestros balnearios se conviertan en simples recuerdos.
Barahona todavía está a tiempo de salvar sus bosques, proteger sus montañas y garantizar sus fuentes de agua.

Imagen como se presenta después de fuertes lluvias los ríos en San Rafael, el cual se desconoce que en tiempos atrás se haya comprado así.
Pero para lograrlo se necesitan autoridades presentes, vigilancia permanente, voluntad política y una ciudadanía comprometida con la defensa de su patrimonio natural.
Porque el futuro de Barahona no se construye solamente con carreteras, edificios y obras de infraestructura.
También se construye protegiendo el agua que nace en nuestras montañas.
Sin bosques no hay agua.
Sin agua no hay vida.
Sin montañas protegidas, no hay futuro para Barahona.
Por: Manolo Guevara Díaz